Sucedió en Kyoto, en el templo que más me gustó, en Kiyomizudera. Vimos a un grupo de japoneses que supuse que eran de alguna empresa porque iban todos trajeados y con un grupo de ejecutivos de mayor edad en cabeza. Pues bien, me sorprendió que este grupo tenía a su disposición a uno de los empleados que se dedicaba exclusivamente a señalarles por donde tenían que ir, estando atento a que no hubiera demasiado gente a su alrededor, que pudieran tirar fotos en las mejores condiciones… y todo esto haciendo reverencias constantemente. Mientras, ellos, iban a lo suyo, como si aquello fuera lo más normal. Entendí bastante bien lo que supone ser el jefe en Japón y el respeto que le tienen a esa figura. Os dejo unas fotos del templo:



Otro día, en Ginza, pude ver también, como un señor al salir de una tienda y al que le estaba esperando su chófer, le acompañó la dependienta hasta la puerta del automóvil haciendo constatemente reverencias y dándole las gracias. Si no era su jefe, seria seguro un buen cliente. Y para terminar, os dejo con una foto de Ginza:

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