Como veréis, estas entradas se van acabando. Y no por falta de material, sino porque tengo otras cosas en la recámara sobre las que ahora me apetece escribir. Ahora que ya ha pasado un mes y medio del viaje y uno ya ve las cosas con más perspectiva, es cuando me vienen a la cabeza los recuerdos de Japón… y es curioso, pero de la electrónica, del manga y de los samuráis es de lo que menos me acuerdo (aunque también, claro). Y qué es lo que más me sorprendio, pues a ver:
a) Lo presumidas que son las chicas de Tokyo. La verdad es que todos flipamos con las chicas que en medio de cualquier sitio (el metro, una cafetería, en la calle…) sacaban un pedazo de espejo y ala, “sombra aquí y sombra allá”. Para ser de carácter tímido, en este aspecto no se cortaban un pelo. Hasta un día vi en Roppongi, tomando algo en una cafetería, como una chica se ponía hasta las pestañas postizas.
b) La amabilidad. La gente es muy, muy amable. Tuvimos la suerte de no toparnos con ningún borde. Lo de los comercios ya es espectacular.
c) El silencio que a veces podías llegar a encontrar en una mega-urbe como Tokyo.
3) La conciencia japonesa con la accesibilidad. Es increíble cómo los japoneses tienen en cuenta a las personas discapacitadas. Desde braille por todos sitios, hasta señales acústicas, hasta trazados en relieve en el pavimento para invidentes… una pasada.
4) El té verde. Se bebe en todos lados y a todas horas.
5) Que no hablan nada de inglés. O bueno, muy poquito.
6) Las pocas papeleras que ves por las calles, que nadie usa kleenex y lo difícil que es sonarse la nariz con lo mal visto que está.
Roppongi!

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